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La porrista caliente que me vuelve loco de lujuria

2:00 720P 3 Latinas
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Estúdio TransAngels

Llevaba meses fingiendo indiferencia cada vez que pasaba frente a su puerta con el uniforme ajustado, pero hoy esos leggings negros de licra marcaban cada curva de su culo prieto y redondo que no dejaba de retorcerse cuando caminaba. La vi mordisqueando sus labios pintados de rojo mientras ajustaba el sujetador deportivo, ese piercing en el ombligo brillando bajo la luz de la mañana que entraba por la ventana. No pude evitar acercarme, mi polla ya dura como el acero bajo los pantalones de chándal, y en cuanto rocé su muslo con los dedos ella soltó un gemido ahogado que me encendió la sangre. Sin pensarlo dos veces, la agarré por la coleta alta y le metí la lengua hasta el fondo de la boca mientras mis manos le arrancaban el top deportivo sin piedad, dejando sus tetas pequeñas pero firmes al aire libre. Ella me empujó contra el sofá del vestidor y me bajó los pantalones de un tirón, sacando mi verga gruesa y palpitante para empezar a pajearme con desesperación entre sus dedos cubiertos de uñas pintadas de negro. Le bajé los leggings hasta los tobillos y la giré bruscamente contra la pared, sintiendo cómo su coño empapado de jugos resbaladizos se pegaba a mis dedos cuando le metí dos dentro sin aviso, haciéndola gritar mientras su culo redondo temblaba bajo mis embestidas. Me la empalé sin piedad desde atrás, sintiendo cómo su carne caliente y apretada me apretaba la polla como un guante de seda, sus gemidos ahogados en el cojín del sofá mientras mis pelotas golpeaban contra su clítoris hinchado. Cambié de posición en un santiamén, tumbándola boca arriba sobre la alfombra, y le levanté las piernas hasta sus orejas para empotrarla con fuerza, cada envestida haciendo que sus tetas pequeñas botaran al ritmo de mis embestidas brutales. Ella me arañó la espalda mientras su coño se contraía alrededor de mi miembro, anunciando que el orgasmo estaba cerca, y yo aceleré el ritmo hasta que un chorro de leche espesa le bañó el coño baboso y el vientre plano, mezclándose con los jugos que ya le resbalaban por las piernas. Terminé frotando mi polla aún palpitante contra su culo sudoroso mientras ella jadeaba, exhausta pero con una sonrisa perversa dibujada en su rostro de puta satisfecha que no paraba de mirarme con hambre.

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