La Eva se deja comer el coño por el limpia piscinas
La Eva llevaba meses coqueteando con el tipo que limpia la piscina del vecindario, siempre con esa mirada de puta caliente que le tiraba los tejos cada vez que él pasaba con los músculos marcados. Un día no pudo resistirse más y lo invitó a su casa mientras yo estaba en el trabajo, fingiendo que necesitaba un ajuste en la bomba de agua. El muy cabrón no perdió el tiempo y en cuanto cerró la puerta la agarró por la cintura, le bajó el bikini de un tirón y le enterró la cara entre sus piernas empapadas. Eva gritó como una loca, con los muslos temblando, mientras él le lamía el coño con una lengua experta que le sacaba chorros de miel de lo mojada que estaba. Después de unos minutos de chupetón salvaje, el tipo se levantó con la polla dura como una roca, se la metió hasta el fondo sin avisar y empezó a empotrarla contra la pared del jardín, haciendo que los azulejos crujieran con cada embestida brutal. Ella gemía como una cerda en celo, con la espalda arqueada y las uñas clavadas en los hombros del pobre infeliz que creía que era su marido. Cuando él le dio la vuelta para follársela por detrás, la Eva no pudo aguantar más y se corrió con un chorro que le salió disparado hasta mancharle los pies descalzos. El limpia piscinas no se quedó atrás y, tras sacársela de un tirón, se corrió en su cara con un disparo grueso que le dejó la mejilla pegajosa y el pelo lleno de leche espesa. Se quedaron ahí, jadeando, con la Eva sudada y el tipo con la polla goteando aún mientras se reía y le decía que su marido no tenía ni idea de cómo se la ponía dura su coño.