Frida la salvaje se lo come por el culo de golpe
Frida no aguantaba más miradas desde que Leo entró con esa verga monstruosa y palpitante que le dejaba el coño más mojado que nunca. Él le susurró al oído que quería empotrarle el culo hasta dejarla sin aliento, y a ella solo se le ocurrió gemir y abrir las piernas de par en par. Antes de que pudiera reaccionar, Leo la levantó como si no pesara nada y la clavó contra la pared con un empujón que le dejó el culo bien apretado alrededor de su polla enorme. Los primeros embistes fueron lentos pero profundos, haciendo que Frida soltara unos gritos ahogados mientras la humedad de su coño resbalaba por los muslos. Pero él no tenía piedad: agarró sus caderas con fuerza y comenzó a embestirla a un ritmo brutal, haciendo que su culo se abriera cada vez más con cada sacudida. Frida no podía creer lo bien que le llenaba, cómo esa verga gruesa le llegaba hasta las entrañas y le arrancaba gemidos guturales con cada golpe. La saliva le corría por la barbilla mientras él le obligaba a chuparle los huevos con desesperación, con los labios temblorosos y los ojos vidriosos por el placer. Leo no paró ni un segundo, ni siquiera cuando ella empezó a correrse sin control, con el coño goteando y el culo palpitando alrededor de su miembro. La levantó entonces de las caderas y la puso a cuatro patas sobre la cama, donde la siguió empotrando con saña, hasta que Frida no pudo más que soltar un chillido agudo cuando la llenó con su leche caliente, dejando su culo bien marcado y su cara completamente empapada en sudor y saliva. Cuando por fin se separaron, ella quedó tirada boca abajo, con el coño chorreando y el culo rojo y abierto, jadeando como una puta bien follada que acaba de descubrir lo que es un macho de verdad.