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Esta venezolana nalgonota se lo come crudo en casa

14:12 1080P 4 Culos Grandes
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Estúdio TioJack69

Llegó con ese culo redondo y prieto balanceándose como si llevara un imán en el short, mientras él la miraba desde la puerta con la boca llena de babas. La empujó contra la pared del pasillo, le arrancó el tanga de un tirón y le hundió dos dedos bien mojados en el coño sin avisar, sintiendo cómo la morra temblaba y le escupía gemidos en la oreja. Ella le agarró la verga por el culo del pantalón y le gruñó que no la hiciera esperar más, que quería sentirla bien adentro antes de que los vecinos vieran la luz del pasillo encendida. La puso de espaldas sobre la mesa del comedor, le levantó las piernas hasta casi doblarlas sobre sus hombros y le enterró la polla hasta la raíz en ese culito apretado que tanto le gustaba culear, mientras ella se agarraba a los bordes del mueble con las uñas y le pedía a gritos que la empotrara más fuerte. Cada embestida le sacudía las nalgas como un flan, el sonido de carne chocando contra carne llenaba la casa y el olor a sudor y a sexo se pegaba en las cortinas. Él le pasó la lengua desde el cuello hasta la espalda, le mordisqueó los pezones duros como piedras y le susurró que si seguía gimiendo así, la iba a dejar llena de leche hasta las tetas. Ella se corrió antes de que él terminara de hablar, apretando la verga con esa pared caliente de su interior y gritando una maldición en voz alta que hizo temblar los marcos de las fotos del salón. Pero él no se detuvo, la levantó en peso y la llevó directo al sofá, donde la tumbó boca abajo y le empezó a dar de nuevo, esta vez con más saña, hasta que las piernas de ella comenzaron a patalear y el semen le resbaló por los muslos internos como un río espeso. Cuando al fin se dejó caer sobre su espalda sudorosa, ella solo atinó a reírse con los ojos vidriosos y a pasarse los dedos por el coño chorreante, mientras él se limpiaba la verga en su misma piel antes de volver a meterla de una sola estocada. El silencio que siguió fue roto solo por el sonido de sus respiraciones entrecortadas y el crujido de la madera del piso bajo sus cuerpos quejumbrosos.

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