Entregada enteada se deja empotrar por su nuevo negrazo
La rubia bien prieta no podía quitarle los ojos de encima al macho enorme que había llegado a la casa con su novio, ese negrón de polla gigante que le hacía babear nada más verlo. El novio, más interesado en grabar con el móvil que en disfrutar de su propia chica, no se dio cuenta de cómo la morra se le acercaba sigilosamente por detrás mientras él se reía mirando la pantalla. Con un susurro ronco, le preguntó si quería probar esa verga monstruosa que tanto le brillaba entre las piernas, y sin esperar respuesta, se agachó a chupársela como una puta hambrienta mientras él gemía de placer. El novio alucinaba viendo cómo su novia, normalmente tímida, le metía los huevos enteros en la boca sin piedad, pero lo que pasó después lo dejó tieso: la enteada se quitó el tanga de encaje negro de un tirón y se empaló en esa polla negra brutal que le partía el coño en dos, gritando como una loca mientras las tetas le rebotaban sin control. El novio, en shock, no pudo más que masturbarse mientras veía cómo el negro la empotraba contra el sofá, clavándosela hasta el fondo con embestidas que hacían crujir los muebles y le dejaban el culo rojo y brillante por los golpes. Ella, con la cara desencajada de placer, se corrió dos veces seguidas, empapando la polla y los huevos de leche espesa que le chorreaba por los muslos antes de que él, exhausto pero no satisfecho, la tumbara boca abajo y le metiera el rabo hasta la garganta, ahogándola con su propio flujo mientras le reventaba el culo con cada envite. El novio, ya sin fuerzas para grabar, solo atinó a correrse en la alfombra mientras los dos se desplomaban jadeando, sudados y cubiertos de semen, con las tetas de ella todavía temblorosas y el coño goteando jugos calientes por todos lados.