El dewar trajo plátanos para que su cuñada se los coma
El muy cabrón llegó con dos bolsas llenas de plátanos maduros y los dejó sobre la mesa con esa sonrisa de pendejo que solo tiene cuando sabe que la va a coger bien duro. Ella, que ya estaba con el coño chorreando de lo mojada que estaba, no pudo evitar morderse el labio al ver ese montón de fruta dulce que le recordaba a la polla gruesa que su dewar siempre le metía sin piedad. Él, sin perder tiempo, agarró uno de esos plátanos y le pasó la punta por los labios, untándole un poco de jugo en la comisura mientras le decía que se lo tenía que comer entero, como si fuera su propia verga. Ella abrió la boca sin dudar y se lo tragó hasta la mitad, sintiendo cómo el plátano le resbalaba por la garganta mientras él le agarraba el pelo para empujarla más abajo. Con la boca bien llena y el coño a punto de explotar, él la levantó del pelo y la tiró sobre la cama boca abajo, arrancándole el short con un tirón seco que dejó al descubierto ese culo redondo y prieto que tanto le gustaba empotrar. Sin preliminares, le escupió en el coño para que se abriera más y le metió dos dedos bien adentro, sacándolos empapados mientras ella gemía como una puta descontrolada, pidiendo que no se detuviera. Él no le hizo caso, se bajó el pantalón de un jalón y dejó que esa verga enorme y venosa le rozara las nalgas antes de clavársela hasta el fondo, haciendo que el plátano que ella aún tenía en la boca se le saliera de entre los dientes con un sonido húmedo y resbaladizo. Las embestidas eran brutales, cada una más profunda que la anterior, mientras sus tetas rebotaban contra el colchón y el sudor le caía por la espalda hasta formar un charco en las sábanas. Ella gritaba cada vez que él le llegaba al fondo, con esa mezcla de dolor y placer que solo le daba su dewar, hasta que sintió cómo se le llenaba el vientre de leche caliente mientras él se corría con un gruñido animal, dejándola con el coño bien lleno y las piernas temblando. El plátano, ahora pisado y olvidado en el suelo, seguía ahí como testigo de lo que acababa de pasar entre esos dos que no podían saciarse el uno del otro.