Anal sin lubricante peor idea que follarse a mi prima
La morrita entró como un huracán a mi habitación pidiendo que la empotrara sin piedad, pero ni en sueños se me ocurrió usar un poco de lubricante antes de clavarle la polla hasta el fondo de ese culito prieto que llevaba días mostrando en sus fotos de Instagram. Al principio solo gemía como una perra en celo mientras yo le abría las nalgas con mis manos y le escupía saliva en el agujero para que al menos entrara algo más fácil, pero ella, en su obsesión por sentirme bien adentro, se retorció y me exigió que la llenara sin piedad hasta que sus gritos se mezclaron con el sonido de mis bolas golpeando contra su coño empapado. Cada embestida sonaba como un coscorrón húmedo, el sonido de carne contra carne mezclado con el chapoteo de su culo lleno de mi leche que se escurría por sus muslos mientras yo la ahogaba contra el colchón. La muy puta se corrió dos veces seguidas, la primera cuando le agarré los pechos pequeños y le metí los dedos en la boca para que chupara mientras la penetraba por detrás como un animal, y la segunda cuando le vacié los huevos dentro de la boca después de sacarla a medias para que tragara sin protestar. Sus gemidos eran tan altos que seguro los escucharon los vecinos, pero a esa altura ya no me importaba un carajo, solo quería sentir cómo su culo se cerraba como un puño alrededor de mi verga cuando le descargué los últimos chorros bien adentro, dejándola temblando y con las piernas convertidas en gelatina. El video termina con ella limpiándose el semen de la cara mientras yo le susurro al oído que la próxima vez sí use aceite, pero que no se haga ilusiones porque esta vez ya me la gané para siempre.