Aaron Rock folla con dos zorras en un trio salvaje
La rubia Liz Ocean no podía dejar de lamerle la polla a Aaron mientras la morena Lola Heart le comía el coño sin parar, las dos putas se pasaban la leche de boca a boca como si fuera el mejor postre. Las tetas naturales de Liz botaban cada vez que él la empotraba por detrás, sus pezones duros como piedras rozaban contra su piel sudada mientras gemía como una perra en celo. Lola, con su piercing en el ombligo, se agachó para lamerle el culo a Aaron mientras él le metía dos dedos bien mojados en el coño, haciéndola gritar y correrse sobre su cara. La morena no aguantó más y se sentó a horcajadas sobre su verga, hundiéndosela hasta la garganta mientras él le agarraba el pelo y le llenaba la boca de leche espesa, que ella tragó sin dejar ni una gota. Liz, loca de lujuria, se puso de espaldas sobre la cama y abrió las piernas para que Aaron le hiciera un cunilingus de esos que dejan el coño chorreando, mientras Lola le lamía los huevos y le hacía cosquillas con la lengua. Las tres estaban tan calientes que no importaba quién se corría primero, porque el objetivo era empaparlo todo de jugos y sudor. Aaron, con su verga más dura que el acero, se la clavó a Lola hasta el fondo mientras Liz le chupaba los huevos y le susurraba al oído lo puta que era por querer que la llenara hasta el fondo. El cuarto olía a sexo barato y a leche derramada, los gemidos eran tan fuertes que hasta los vecinos podían escucharlos, pero a nadie le importaba porque el placer era demasiado intenso. Liz se corrió primero, con un espasmo que le hizo arquear la espalda y dejar escapar un aullido de animal en celo, su coño mojadísimo escupiendo jugos por todas partes. Lola no tardó en seguirla, con la polla de Aaron dentro de su boca hasta la garganta, tragándose cada gota de leche caliente que le escupía sin piedad. Las dos zorras terminaron exhaustas, con los cuerpos pegajosos y las bocas aún llenas de sabor a semen, mientras Aaron se recostaba en la cama con una sonrisa de satisfacción y un nudo en la garganta de tanto gritar. La escena terminó con las tres revolcándose en las sábanas manchadas, lamiéndose los labios y jurando repetir la fiestecita bien pronto.